
Todos los pueblos han intentado saber acerca de sus orígenes, pero éstos, queriéndose preservar de curiosas miradas, se han mantenido escondidos. El ser humano ha inventado mitos y leyendas angustiado por conocer "de donde venimos" y "quienes somos".
Los complejos arqueológicos han guardado información, a veces intacta o bien protegida, que nos brinda la oportunidad de acercarnos a nuestras raíces más profundas para descifrar la etapa más oscura de la evolución humana.
El arte prehistórico nos ayuda a comprender mejor el pasado de los pueblos, ya que es la expresión no tan sólo de un sentimiento estético sino también de un sentimiento religioso, vital e histórico. Grabados, esculturas y pinturas, ya sea en cuevas o abrigos, nos hablan del mundo real y del sobrenatural, constituyen un lenguaje y la plasmación de un pensamiento complejo y simbólico, siempre difícil de interpretar.
Las manifestaciones del arte rupestre nos permiten intuir y conocer las inquietudes y preocupación espirituales -así como diversos aspectos de la vida cotidiana- de los pueblos prehistóricos que nos precedieron. La universalidad de este arte, conservado a lo largo de milenios y a través de varios continentes, demuestra aún hoy en día, mediante la riqueza y multiplicidad de los símbolos, el diálogo contínuo entre el hombre y la naturaleza.
Es un arte presente en todo el mundo, un arte excepcional que nos sirve de archivo documental sobre las sociedades de la Prehistoria que guardan estos testimonios y que ha recibido el reconocimiento de Patrimonio Mundial.